Dzongu is a protected region, reserved for the Lepcha population. It is an agricultural community that is home to about 700 inhabitants.
The Lepchas are considered the original inhabitants of Sikkim. They call themselves "Rongkup," which means "children of the snowy peaks." They believe their home is the legendary kingdom of Mayel, located near Mount Khangchendzonga. In fact, most Lepcha clans claim mythical connections to this mountain; the peaks and lakes they worship are considered their deities. They believe their ancestors, the first man Fudongthing and the first woman Nazong Nyu, were created from a ball of fresh snow from the mountain. The legends, culture, and religious rituals of the Lepchas (known as Mun-Bongthingism) are intrinsically linked to Khangchendzonga, the mountain, and the two main rivers in Sikkim: the Teesta and the Rangeet, which also originate there.
The Lepchas have their own language, known as "Rongring," with its own script, the "Mutanchi." This language has state language status and is used in the educational process up to university level. Our visit began with exploring the alphabet. With the grammar book in hand and without any prior instruction, we wrote our names. Then we asked how close we were to the correct form and made the necessary corrections.
In the house where we stayed, we were hosted by Mickey and Mindu, both with a beautiful and unique energy. Mindu is a warm, introverted man, the youngest of six siblings. Mickey is his niece, a young woman full of energy, smiles, and joy who turns every moment into a celebration. So, between their care and laughter, we kept playing with names until we got to the word "elephants" and had to call the uncle to understand how to write it. We then went through the numbers, and the words "hello," "thank you," and "delicious"—the three key words for us in social life.
Eating in this place was a pleasure. We were served local dishes that follow the traditions of the Lepcha people, which are intrinsically linked to their natural environment. Their cuisine is simple, healthy, and uses locally sourced, often wild ingredients, with an emphasis on boiling and steaming or slow-cooking, limiting the use of strong spices. The main staple food is rice, complemented by millet and wild edible roots, which are an important source of carbohydrates. Vegetables are essential. The Lepchas are expert gatherers and take advantage of the food available in the forest, such as nettle shoots (Urtica dioica), ferns, mushrooms, and other wild green leafy vegetables. In agriculture, they cultivate potatoes, ginger, citron, large cardamom, as well as oranges, guavas, and melons. For protein, they use the traditional fresh cheese called Chhurpi, chicken, fish, and pork. Each meal was a pleasure for the palate, the sight, and the interactions; we prepared momos together, shared stories and laughter in every moment, and enjoyed being together.
We woke up early to see Mount Khangchendzonga at sunrise. However, on both days, the clouds blocked the view. In the photos, you will see the image shared by Ramesh, our guide, for your delight. The forest in the first light was a charm for the senses. The sound of insects and the singing of birds felt like a refreshing shower. Birds inhabited the gradual shrubs and became visible only with a change in position. The village was quiet, just waking up to the day. Some cows were grazing near the route, some goats were exploring the bushes, too busy to be distracted, and in the more wooded areas, the wind brushed the trees, producing an encouraging and stimulating tune. At the top, the Buddhist temple was still closed, but its flower-filled gardens and the meditation wheels on the outer wall were a good excuse to stay there and enjoy the moment. On the descent, life had begun: everyone was busy, washing clothes, moving the animals, tending the crops, collecting water, harvesting fruit, or carrying the rice harvested the previous day.
We spent the rest of the morning enjoying the contemplation of the mountains, with the sun warming our skin, without haste and without plans. Then, we enjoyed a session of games and laughter with the children who visited us: a pair of siblings, the six-year-old girl full of sparkle and the seven-year-old boy full of curiosity. We played the simplest things in life, answered all their questions, they explored all of Alan's objects, as well as Marce's bracelets, we ate fruit together, and we laughed non-stop, making a concert with potato crisps.
We enjoyed the concert of the rain and the space of pleasure it creates, sitting in a small reading room, doing what was necessary, but without the pressure of what comes next, because nothing came next except the following drop rolling off the roof and tracing its path on the window pane.
They were days of decompression, of enjoying life simply because it is life and nothing more.
Alan y Marce
En español
Dzongu es una región protegida, reservada para la población Lepcha. Es una comunidad agrícola que alberga alrededor de 700 habitantes.
Los Lepchas son considerados los habitantes originales de Sikkim. Se autodenominan "Rongkup", que significa "hijos de los picos nevados". Creen que su hogar es el reino legendario de Mayel, ubicado en las cercanías del Monte Khangchendzonga. De hecho, la mayoría de los clanes Lepcha afirman tener conexiones míticas con esta montaña; los picos y lagos que adoran son considerados sus deidades. Creen que sus ancestros, el primer hombre Fudongthing y la primera mujer Nazong Nyu, fueron creados a partir de una bola de nieve fresca del monte. Las leyendas, la cultura y los rituales religiosos de los Lepchas (conocidos como Mun-Bongthingism) están intrínsecamente ligados al Khangchendzonga, la montaña y los dos principales ríos de Sikkim: el Teesta y el Rangeet, que también se originan en ella.
Los Lepchas tienen su propio idioma, conocido como "Rongring", con su propia escritura, el "Mutanchi". Este tiene estatus de idioma estatal y se utiliza en el proceso educativo hasta el nivel universitario.
Nuestra visita comenzó con la exploración del alfabeto. Con el libro de gramática en mano y sin ninguna instrucción previa, escribimos nuestros nombres. Luego preguntamos qué tan cerca estábamos de la forma correcta y logramos las correcciones necesarias.
En la casa donde nos alojamos fuimos atendidos por Mickey y Mindu, ambos con una energía bella y particular. Mindu es un hombre cálido e introvertido, el menor de seis hermanos. Mickey es su sobrina, una mujer joven, llena de energía, sonrisas y alegría que convierte cada momento en una celebración. Así que, entre atenciones y risas, seguimos jugando con los nombres hasta que llegamos a la palabra "elefantes" y tuvimos que llamar al tío para entender cómo escribirla. Luego pasamos por los números, y las palabras "hola", "gracias" y "delicioso"—las tres palabras clave para nosotros en la vida social.
Comer en este lugar fue un placer. Nos sirvieron platos locales que siguen las tradiciones del pueblo Lepcha, intrínsecamente ligadas a su entorno natural. Su gastronomía es sencilla, saludable y utiliza ingredientes de origen local, a menudo silvestres, con énfasis en el hervido y el cocido al vapor o a fuego lento, limitando el uso de especias fuertes. El alimento básico principal es el arroz, complementado con mijo y raíces comestibles silvestres que son una importante fuente de carbohidratos. Las verduras son esenciales. Los Lepchas son expertos recolectres y aprovechan los alimentos disponibles en el bosque, como los brotes de ortiga (Urtica dioica), helechos, hongos y otras verduras de hoja verde silvestre. En la agricultura, cultivan papas, jengibre, cidra, cardamomo grande, así como naranjas, guayabas y melones. En cuanto a proteínas, usan el queso fresco tradicional llamado Chhurpi, pollo, pescado y cerdo. Cada comida fue un placer para el paladar, la vista y las interacciones; preparamos momos juntos, compartimos historias y risas en cada momento y disfrutamos de estar juntos.
Nos levantamos temprano para ver el Monte Khangchendzonga al amanecer. Sin embargo, ambos días las nubes bloquearon la vista. En las fotos verán la imagen que nos compartió Ramesh, nuestro guía, para nuestro deleite. El bosque con la primera luz fue un encanto para los sentidos. El sonido de los insectos y el canto de los pájaros parecía una ducha refrescante. Los pájaros habitaban los arbustos graduales y se hacían visibles solo con el cambio de posición. La aldea estaba tranquila, apenas despertando al día. Algunas vacas pastaban cerca de la ruta, algunas cabras exploraban los arbustos, muy ocupadas para distraerse, y en las zonas más boscosas el viento rozaba los árboles produciendo una tonada alentadora y estimulante. En la cima, el templo budista aún estaba cerrado, pero sus jardines llenos de flores y las ruedas de meditación en el muro exterior fueron una buena excusa para permanecer allí y disfrutar el momento. Al descenso, la vida había comenzado: cada quien en lo suyo, lavando ropa, moviendo a los animales, cuidando los cultivos, recolectando agua, cosechando frutos o cargando el arroz segado el día anterior.
Pasamos el resto de la mañana disfrutando de la contemplación de las montañas, con el sol calentando nuestra piel, sin prisas y sin planes. Luego, disfrutamos de una sesión de juegos y risas con los niños que nos visitaron: un par de hermanos, ella de seis años, llena de chispa, y él de siete años, lleno de curiosidad. Jugamos a las cosas más simples de la vida, respondimos a todas sus preguntas, exploraron todos los objetos de Alan, así como mis pulseras, comimos frutas juntos y nos reímos sin parar, haciendo un concierto con papas chips.
Disfrutamos del concierto de la lluvia y del espacio de disfrute que crea, sentados en una pequeña sala de lectura, haciendo lo necesario, pero sin la presión de lo que sigue, porque no seguía nada más que la siguiente gota rodando por el techo y dibujando su paso en el cristal de la ventana.
Fueron días de descompresión, de disfrutar la vida simplemente porque es vida y nada más.
Alan y Marce
Los Lepchas son considerados los habitantes originales de Sikkim. Se autodenominan "Rongkup", que significa "hijos de los picos nevados". Creen que su hogar es el reino legendario de Mayel, ubicado en las cercanías del Monte Khangchendzonga. De hecho, la mayoría de los clanes Lepcha afirman tener conexiones míticas con esta montaña; los picos y lagos que adoran son considerados sus deidades. Creen que sus ancestros, el primer hombre Fudongthing y la primera mujer Nazong Nyu, fueron creados a partir de una bola de nieve fresca del monte. Las leyendas, la cultura y los rituales religiosos de los Lepchas (conocidos como Mun-Bongthingism) están intrínsecamente ligados al Khangchendzonga, la montaña y los dos principales ríos de Sikkim: el Teesta y el Rangeet, que también se originan en ella.
Los Lepchas tienen su propio idioma, conocido como "Rongring", con su propia escritura, el "Mutanchi". Este tiene estatus de idioma estatal y se utiliza en el proceso educativo hasta el nivel universitario.
Nuestra visita comenzó con la exploración del alfabeto. Con el libro de gramática en mano y sin ninguna instrucción previa, escribimos nuestros nombres. Luego preguntamos qué tan cerca estábamos de la forma correcta y logramos las correcciones necesarias.
En la casa donde nos alojamos fuimos atendidos por Mickey y Mindu, ambos con una energía bella y particular. Mindu es un hombre cálido e introvertido, el menor de seis hermanos. Mickey es su sobrina, una mujer joven, llena de energía, sonrisas y alegría que convierte cada momento en una celebración. Así que, entre atenciones y risas, seguimos jugando con los nombres hasta que llegamos a la palabra "elefantes" y tuvimos que llamar al tío para entender cómo escribirla. Luego pasamos por los números, y las palabras "hola", "gracias" y "delicioso"—las tres palabras clave para nosotros en la vida social.
Comer en este lugar fue un placer. Nos sirvieron platos locales que siguen las tradiciones del pueblo Lepcha, intrínsecamente ligadas a su entorno natural. Su gastronomía es sencilla, saludable y utiliza ingredientes de origen local, a menudo silvestres, con énfasis en el hervido y el cocido al vapor o a fuego lento, limitando el uso de especias fuertes. El alimento básico principal es el arroz, complementado con mijo y raíces comestibles silvestres que son una importante fuente de carbohidratos. Las verduras son esenciales. Los Lepchas son expertos recolectres y aprovechan los alimentos disponibles en el bosque, como los brotes de ortiga (Urtica dioica), helechos, hongos y otras verduras de hoja verde silvestre. En la agricultura, cultivan papas, jengibre, cidra, cardamomo grande, así como naranjas, guayabas y melones. En cuanto a proteínas, usan el queso fresco tradicional llamado Chhurpi, pollo, pescado y cerdo. Cada comida fue un placer para el paladar, la vista y las interacciones; preparamos momos juntos, compartimos historias y risas en cada momento y disfrutamos de estar juntos.
Nos levantamos temprano para ver el Monte Khangchendzonga al amanecer. Sin embargo, ambos días las nubes bloquearon la vista. En las fotos verán la imagen que nos compartió Ramesh, nuestro guía, para nuestro deleite. El bosque con la primera luz fue un encanto para los sentidos. El sonido de los insectos y el canto de los pájaros parecía una ducha refrescante. Los pájaros habitaban los arbustos graduales y se hacían visibles solo con el cambio de posición. La aldea estaba tranquila, apenas despertando al día. Algunas vacas pastaban cerca de la ruta, algunas cabras exploraban los arbustos, muy ocupadas para distraerse, y en las zonas más boscosas el viento rozaba los árboles produciendo una tonada alentadora y estimulante. En la cima, el templo budista aún estaba cerrado, pero sus jardines llenos de flores y las ruedas de meditación en el muro exterior fueron una buena excusa para permanecer allí y disfrutar el momento. Al descenso, la vida había comenzado: cada quien en lo suyo, lavando ropa, moviendo a los animales, cuidando los cultivos, recolectando agua, cosechando frutos o cargando el arroz segado el día anterior.
Pasamos el resto de la mañana disfrutando de la contemplación de las montañas, con el sol calentando nuestra piel, sin prisas y sin planes. Luego, disfrutamos de una sesión de juegos y risas con los niños que nos visitaron: un par de hermanos, ella de seis años, llena de chispa, y él de siete años, lleno de curiosidad. Jugamos a las cosas más simples de la vida, respondimos a todas sus preguntas, exploraron todos los objetos de Alan, así como mis pulseras, comimos frutas juntos y nos reímos sin parar, haciendo un concierto con papas chips.
Disfrutamos del concierto de la lluvia y del espacio de disfrute que crea, sentados en una pequeña sala de lectura, haciendo lo necesario, pero sin la presión de lo que sigue, porque no seguía nada más que la siguiente gota rodando por el techo y dibujando su paso en el cristal de la ventana.
Fueron días de descompresión, de disfrutar la vida simplemente porque es vida y nada más.
Alan y Marce

Unos días. He gozado con estos recorridos inimaginables como si fuera mirar por una ventana misteriosa. Gracias!!!!
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