The day began in shades of grey, decorated with raindrops falling from the clouds like a long necklace. The city was wet; motorcyclists stopped under bridges for shelter, and the depressions in the road filled with water, bearing witness to the diverse sensibilities of humanity. As we left the city, the rain diminished, leaving only the spray produced by car tyres. Lush vegetation lines the road on both sides, and suddenly, on the horizon, the silhouette of a mountain discreetly appeared between the clouds, announcing the longed-for northern landscape. We stopped and found the most elegant restrooms we've seen on the roads: clean, tidy, and pleasant-smelling. Now, the extensive sedimentary valley became evident, with cultivated terraces and severe erosion processes that revealed new canyons and walls of fine debris that would continue to erode with this season's water. The route along the Hazara Highway, a six-lane road, was completed in 2021 and provides a smooth, well-maintained journey, connected by tunnels and high-quality service areas.
After three hours on the road, we left to take the highway to Balakor. A single-lane road, the unpaved terrain next to the asphalt is complemented by the unpaved terrain when another car approaches. The paved surface is only partial, and the variety of potholes and changes in level make it worthy of a collection. The paved road reappeared, and with it, the evidence of landslides and monsoon rain, with its monumental drops. After a curving and demanding descent, we reached the Kunhar River valley, which, owing to the rain, was carrying more particles and mud, and had turned a strong pink or red colour. The contrast with the mountain created a unique and beautiful view, and the force of its waters produced a tingling sensation in the stomach which was impossible to deny. We climbed the mountains on the other side of the river; the ascent seemed endless, and the narrow canyons between the mountains are deep. With the rain, the scene was more intense, and our alertness activated.
In Kaway, we changed cars to take a jeep to our accommodation, the place we chose to explore the alpine pastures. When we learned we would have to change cars, we assumed we were in for a difficult, muddy road; however, that wasn't the case. We took an uphill road, recently constructed and in excellent condition. It seems the decision was more related to offering opportunities to the locals than to traffic safety.
After negotiating our menu preferences and fighting to have Pakistani food instead of Chinese, we were presented with a delicious spicy chicken stew. We dined with pleasure and received news about our journey: the northern route would be closed for several days, and the police had prohibited the passage of foreigners to the next stage of the road. After multiple discussions, we decided to take the route through Besham, as it would give us the chance to continue north if the route opened, or west, which would imply changing the entire order of the trip.
The next day, the day was shrouded in fog but with a pleasant 22 degrees; a beautiful and enjoyable experience. We took the jeep, and now we were on the route we had imagined: an ascending track, full of mud and rocks. This time, a police escort was in the car with us and decided to be our musical host, so we made this 45-minute ascent with jumps, slips, and enjoyed traditional Pakistani music. We walked through the mist towards the summit, and only ten minutes had passed when the rain began. Following local advice, we took horses, and amidst the rain and fog, we reached the location. Unfortunately, we had less than 5 metres of visibility, so we had to guess the beauty of the landscape. It was then that the policeman began to show us his videos of the site in different seasons of the year, including some about his physical skills. Thus, we had a unique experience of understanding our environment. On the way back, the rain turned into a downpour that soaked us in one minute, and we calmly embraced our inevitable soaking. At the end of the road, a coffee and tea stand allowed us to cosy up with a warm drink. We returned via the muddy route, much more slowly to avoid slipping, making more manoeuvres to ensure the passage of vehicles that were now ascending the track.
Alan y Marce
En español
Hoy el día comienzo en tonos grises y decorados con gotas de lluvia que se desprenden de las nubes como un collar extenso.
La ciudad está mojada; los motociclistas se detienen debajo de los puentes para resguardarse, y las depresiones de la vía se llenan de agua, siendo testigos de las diversas sensibilidades humanas.
Al dejar la ciudad, la lluvia se reduce, dejando a la vista solo el spray que producen las llantas de los carros. La vegetación frondosa acompaña la ruta a ambos lados y, de pronto, en el horizonte, la silueta de una montaña se deja ver discretamente entre las nubes, anunciando el anhelado paisaje del norte.
Paramos y nos encontramos con los baños más elegantes que hemos visto en las rutas: limpios, ordenados y con buen olor. Ahora, el extenso valle sedimentario se hace evidente, con terrazas de cultivos y procesos erosivos severos que dejan al descubierto nuevos cañones y paredes de detritus finos que seguirán erosionándose con el agua de esta estación. La ruta a través de la autopista de Hazara, una carretera de seis carriles, se terminó de construir en 2021 y proporciona un trayecto fluido y en excelentes condiciones, conectada con túneles y áreas de servicio de alta calidad.
Después de tres horas en la ruta, la dejamos para tomar la carretera a Balakor. Una carretera de un solo carril que se complementa con el terreno sin asfaltar al lado del asfalto cuando otro carro se aproxima. La cubierta asfaltada es parcial y la diversidad de huecos y cambios de nivel la hacen digna de una colección.
La ruta asfaltada vuelve a aparecer, y con ella, la evidencia de deslizamientos de tierra y la lluvia monzónica, con sus goterones monumentales. Después de un descenso curvo y demandante, llegamos al valle del río Kunhar, que, por la lluvia, está arrastrando más partículas y lodo, y se ha tornado de un fuerte color rosado o rojo. El contraste con la montaña crea una vista singular y preciosa, y la fuerza de sus aguas produce un cosquilleo en el estómago imposible de negar. Ascendimos por las montañas al otro lado del río; el ascenso parece interminable y los cañones estrechos entre las montañas son profundos. Con la lluvia, la escena es más intensa y la alerta se activa.
En Kaway, cambiamos de carro para tomar un jeep que nos lleve a nuestro alojamiento, el lugar elegido para explorar los pastizales alpinos. Cuando supimos que debíamos cambiar de carro, supusimos que nos esperaba una ruta difícil llena de barro; sin embargo, no fue así. Tomamos una ruta en ascenso, recién construida y en excelente condición. Parece que la decisión está más relacionada con ofrecer oportunidades a los locales que con la seguridad en el tráfico.
Después de negociar nuestras preferencias del menú y luchar por tener comida pakistaní en lugar de china, teníamos al frente un delicioso guiso de pollo con picante. Cenamos con placer y recibimos las noticias del viaje: la ruta al norte estará cerrada por varios días y la policía ha prohibido el paso a extranjeros en la siguiente etapa del camino. Después de múltiples deliberaciones, decidimos seguir la ruta por Besham, ya que nos daría la posibilidad de continuar al norte si la ruta se abre, o al occidente, lo que implicaría cambiar todo el orden del viaje.
Al día siguiente, el ambiente estaba envuelto en niebla, pero con 22 grados; una experiencia hermosa y placentera. Tomamos el jeep y ahora sí estábamos en la ruta que nos habíamos imaginado: una trocha en ascenso, llena de barro y rocas. Esta vez, un policía escolta estaba en el carro con nosotros y decidió ser el anfitrión musical, así que hicimos este ascenso de 45 minutos entre saltos, deslices y disfrutando de la música tradicional pakistaní.
Caminamos en medio de la bruma hacia la cima, y solo habían pasado 10 minutos cuando comenzó la lluvia. Siguiendo el consejo local, tomamos caballos y, entre lluvia y niebla, llegamos al lugar. Lastimosamente, teníamos menos de 5 metros de visibilidad, así que tuvimos que adivinar la belleza del paisaje. Fue allí cuando el policía comenzó a mostrarnos sus videos del lugar en las diferentes estaciones del año, incluyendo algunos relativos a sus habilidades físicas. Así que tuvimos una experiencia única de conocimiento del entorno.
Al regresar, la lluvia se convirtió en un chaparrón que nos empapó en un minuto, y disfrutamos con calma ese inevitable mojarnos. Al final del camino, un puesto de café y té nos permitió reconfortarnos con una bebida caliente. Regresamos por la ruta empantanada, mucho más despacio para evitar deslizarnos, haciendo más maniobras para asegurar el paso de los vehículos que ahora ascendían por la trocha.
Alan y Marce

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